

Para muchos, los perros con los que conviven son un miembro más de la familia, pues el vínculo que crean supera muchas amistades con otras personas. Y no es de extrañar, porque hemos convivido con ellos durante miles de años, pero el origen exacto de nuestro vínculo en la historia siempre ha sido objeto de debate científico. Sin embargo, gracias a la genética esto finalmente se ha solucionado.
El estudio. Eran dos monumentales reseñas publicadas en la naturaleza, los que llegaron a la mesa gracias al análisis del ADN de un cachorro que vivió hace 15.800 años en el yacimiento de Pınarbaşı, en lo que hoy es Turquía. Este descubrimiento no sólo hizo retroceder los relojes biológicos de nuestros compañeros caninos al menos 5.000 años en comparación con registros genéticos anteriores, sino que también espectáculo que nuestra alianza con los lobos se formó mucho antes de la invención de la agricultura.
Un cachorro con distinción. El descubrimiento es sin duda un triunfo de la pelogenética, ya que durante años los científicos tuvieron que basarse en la forma de los huesos para distinguir entre un lobo y un perro primitivo, un método que contiene muchos errores. Pero ahora la ciencia ha recurrido al material genético de sus células para disipar cualquier duda.
En el lugar fueron encontrados los restos de tres cachorros. Lo fascinante no es sólo su edad, sino también su forma de vivir. En este caso, el análisis químico realizado muestra que estos animales tenían una dieta sorprendentemente similar a la de las personas con las que vivían, incluida una fuerte base de pescado. Además, fueron enterrados según rituales humanos, lo que representa un tratamiento póstumo que demuestra un profundo vínculo emocional.
Su extensión. Pero el cachorro turco no es un caso aislado desde el primer examen. Naturaleza espectáculo que los perros ya se habían extendido rápidamente por todo el oeste de Eurasia a finales del Paleolítico superior. Aquí el equipo también analizó restos encontrados en la cueva de Gough en el Reino Unido.
Allí identificaron a otro perro domesticado de hace 14.300 años cuya mandíbula estaba perforada, lo que nuevamente sugiere prácticas rituales. Lo más interesante es que, a pesar de la enorme distancia geográfica que separa Turquía de Inglaterra, los genomas de ambos animales muestran fuertes similitudes genéticas, lo que confirma que pertenecían a la misma gran población de perros del Paleolítico.
Otro estudio. Al mismo tiempo, quiso ampliar el panorama posteriormente. Examina los restos de 200 perros europeos de hace más de 14.000 años y pudo confirmar la presencia de otro perro antiguo en Kesslerloch (Suiza), que data de hace 14.200 años.
Este segundo equipo demostró que los linajes de estos primeros perros paleolíticos no se extinguieron, pero que sus firmas genéticas sobrevivieron y están presentes en los perros modernos que hoy duermen en nuestros sofás.
Antes de la agricultura. La cultura más clásica nos decía que la domesticación de los animales era un subproducto del Neolítico, ya que aquí fue donde empezamos a asentarnos, inventamos la agricultura y en el camino domesticamos animales. Sin embargo, esto ha cambiado completamente con estos estudios, pues los genomas analizados confirman que estos perros provienen de un linaje de lobos antiguos que formaron una alianza integral con los cazadores-recolectores puros de los humanos.
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