Tarde de oro y albero en Manizales – Colombia informa

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Pocket
WhatsApp
Crédito: Plaza de Toros de Manizales – Luis Bolívar

Por: María del Capote

Manizales, 11 de enero de 2026. La tarde se abrió en Manizales como se abren los grandes acontecimientos: con expectación, con el rumor de una gran feria y con ese silencio previo que sólo precede a los días importantes. El ruedo, vestido de gala en la penúltima temporada de la 71ª Feria, esperaba respuestas. Y los tenía. Porque los toros de Juan Bernardo Caicedo, bien armados y con cara de compromiso, devolvieron la emoción al ruedo y permitieron una tarde de gran triunfo, de esas que se viven de pie y se recuerdan sentados, con una triple salida a hombros y la feria ardiendo de competencia.

El primero saltó y Luis Bolívar lo recibió como se recibe a un toro que pide respeto. Sin florituras: firmeza, colocación y mando desde el principio. El toro se refugió entre tablas, buscando protección en el interior, y Bolívar, con paciencia de relojero, lo sacó a la intemperie. Golpe de muleta a golpe de muleta, templando y midiendo, construyó una tarea de potencia serena, de esas que no gritan, pero pesan. La plaza entendió la obra y la firmó con palmas sentidas.

El segundo titular no quiso continuar y salió el bis. Allí apareció Daniel Luque y el estadio cambió de dueño. El de Gerena se adelantó con absoluta autoridad, llevándose la tarea a la espalda desde el primer golpe de muleta. Todo estaba a favor del toro: alturas, distancias, toques precisos. Luque lo llevó largo, lo mandó y lo sometió con un toreo de mando y profundidad. Cuando se perfiló y dejó una estocada de libro de texto, el resultado fue una conclusión inevitable: dos orejas redondas y el cuadrado rendido.

El tercero tuvo menos recorrido, menos compromiso, pero delante estaba Marco Pérez, que no entiende de concesiones. El joven salmantino se plantó con decisión y, con una muleta firme como un palo, obligó al toro a llegar más lejos de donde quería. Cada pase fue una exigencia, cada asalto una pelea ganada. La espada cayó de verdad y el premio fue doble: dos orejas para el torero y vuelta al ruedo para un toro que, empujado, acabó tocando fondo.

Bolívar volvió por el cuarto con la tarde ya hirviendo. Y entonces apareció el torero maduro, confiado, dueño de la escena. Muy por encima de su oponente, lo llevaba atado a su muleta, bajando la mano y marcando el ritmo. Era una tarea de maestría, de un oficio caro, de un torero que sabe cuándo empujar y cuándo respirar. Dos orejas más y la puerta grande abierta de par en par.

El quinto no tenía alma. Luque lo intentó todo, pero el sombrero de Las Ventas del Espíritu Santo se quedó sin combustible antes de arrancar. No había materia prima. En el sexto, Marco Pérez se empeñó en cerrar dignamente la tarde, persistiendo ante un toro que nunca dijo que sí. El esfuerzo siguió siendo intencional.

Y así terminó una gran tarde. Tres toreros al hombro, una plaza alegre y una feria que recuperaba el pulso. Manizales volvió a latir al ritmo del toro bravo, y la última palabra queda reservada para el domingo.

Archivo de celebración

Plaza Manizales. Penúltimo pago del 71 Feria de Manizales.
toros de Juan Bernardo CaicedoJuego bien presentado y desigual. El tercero, premiado con la vuelta al ruedo.

Luis Bolívar (escarlata y dorado): palmas y dos orejas.
Daniel Luque (azul marino y dorado): dos orejas y palmas.
Marco Pérez (escarlata y dorado): dos orejas y palmas.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Pocket
WhatsApp