
La historia de Mónica Mina Mulato Se caracteriza por tener estufa, leña y especias que heredó de su abuela, madre y tías. Se trata de mujeres vallecaucanas que llevan años cocinando para comunidades enteras, especialmente para los cortadores de caña de este departamento.
“Se quedó en mi ADN”.
«Crecí mirándolos, acompañándolos, ayudándolos en todo. Este conocimiento quedó en mi ADN», afirma.
Su infancia en Chocosito, un distrito de Florida en el sur del Valle del Cauca, estuvo llena de olores y sabores. Sin embargo, a los 11 años, tras la enfermedad de su madre, este aprendizaje se hizo necesario.
Mónica Mina y el sabor del Pacífico con espiritualidad en Semana Santa, en Cali. Foto:Presentado por los promotores de «Mi Cocina Sagrada»
«Ver a mi madre cocinar cuando estaba enferma me enseñó la fuerza que tienen las mujeres. Este ejemplo me guía todos los días», afirma.
Hoy, Mónica, trabajando en su restaurante en el barrio de galerías de El Porvenir en Cali, ha convertido la cocina en una plataforma de resistencia cultural. Su plato estrella es la pata de res sancocho, que es una condensación de siglos de historia.
“Este sancocho fue resistencia en la esclavitud, luego en la libertad, y hoy es un llamado a preservar lo nuestro”, afirma.
Diana Castro en «Mi Cocina Sagrada». Foto:Presentado por los promotores de «Mi Cocina Sagrada»
Fogón, entre los ritmos de Petronio Álvarez
A la edad de 25 años, Diana CastroMurillo representa una nueva generación de chefs que creció entre la tradición y la búsqueda de nuevas herramientas.
Hija de la cocinera Basilia MurilloSu aventura con la cocina comenzó desde muy temprana edad, en escenarios como el festival Petronio Álvarez.
«Preparaba empanadas desde la mañana hasta el amanecer. Era entonces cuando me gustaba cocinar», recuerda.
A diferencia de otras profesiones, Diana optó por complementar esta formación con una formación académica en el Sena. “Quería salir, aprender en otros espacios, entender otras cocinas y luego aplicarlo a la nuestra”, explica.
Un sabor del Pacífico con espiritualidad durante la Semana Santa en Cali. Foto:Presentado por los promotores de «Mi Cocina Sagrada»
Sin embargo, su historia se desarrolló debido a una ausencia que cambió su relación con la cocina. Tras la muerte de su madre, el pastel chocoano -uno de los platos más representativos de su familia- quedó como una prueba personal.
«Aprendí mirando. Vi lo que él le arrojó, cómo lo hizo. Nunca lo hicimos juntos», dice.
La primera vez que tuvo que prepararlo ella misma lo hizo de memoria. «Estaba nerviosa, pero cuando lo probaron me dijeron que sabía igual que mi madre. Entonces sentí que había aprendido algo».
Hoy, este plato no sólo los identifica, sino que representa la continuidad de su herencia. “Si mi madre estuviera allí, sé que estaría orgullosa”, afirma.
«Mi cocina sagrada»
Ellos Esta es sólo una muestra del talento culinario durante la Semana Santa durante el encuentro denominado “Mi Santa Cocina”. Pero su participación no será sólo culinaria, sino también simbólica y espiritual.
«Cocinar en Semana Santa no es algo cotidiano, es un ritual. Cada preparación tiene un significado, un tiempo, una finalidad. Cocinar también es guardar silencio, respetar, recordar y agradecer», señala Mónica Mina.
“Este espacio nació de una profunda necesidad: no dejar que nuestras tradiciones queden solo en los territorios, sino traerlas a la ciudad, para ser reconocidas, apreciadas y respetadas”, explica Jaime Rebolledo, gestor cultural y organizador del evento, que se llevará a cabo del 2 al 5 de abril durante Semana Santa en el Hotel Río Cali, ubicado en el tradicional Bulevar del Río, de casi un kilómetro de extensión.
“Aquí no mostramos sólo comida, mostramos una forma de entender la vida desde una perspectiva espiritual y colectiva”, añade el directivo.
Dice que uno de los ejes principales de “Mi Santa Cocina” será la relación entre gastronomía y espiritualidad. En territorios afropacíficos –como Chocó, Valle, Cauca y Nariño– la Semana Santa se vive como una experiencia comunitaria en la que la cocina juega un papel central.
El momento más representativo del evento será la recreación de la tradición de los “Siete Platos”, una práctica que va más allá de lo culinario.
«Los siete platos no representan la abundancia por la abundancia. Son un símbolo, una historia, una forma de honrar la vida y la fe», explica Mónica Mina. “Cada preparación lleva un mensaje”.
El programa también incluirá canciones tradicionales denominadas «pasiones» interpretadas a capella, así como un espacio de diálogo entre cocina, territorio y espiritualidad.
“La espiritualidad en nuestras ciudades no sólo se vive en la iglesia, se vive en casa, en la cocina, en el canto. Este evento lo reúne todo y lo pone en diálogo en un solo espacio”, añade Jaime Rebolledo.
Cena, 10 manos
El evento contará con la presencia de chefs y promotores de la tradición, entre ellos: Entre otros, Rey Guerrero, Ruby Murillo, Mónica Mina, Diana Castro Murillo, el propio Jaime Rebolledo.
La inauguración, que tendrá lugar el Jueves Santo, estará homenajeada con el lanzamiento del libro «Sabores de Resistencia» del chef e investigador Rey Guerrero, una obra que presenta la cocina del Pacífico como expresión cultural y política.
El encuentro finalizará con una cena preparada por 10 manos, durante la cual cocineros tradicionales de diferentes territorios construirán una experiencia colectiva en torno a la memoria gastronómica.
«Esta cena es una hermandad. No hay roles individuales, hay una estructura colectiva en la que cada plato representa un territorio», afirma Mónica Mina.
«Cocinar para mantener quienes somos»
Según el directivo y los participantes, en un contexto de riesgo de dilución de la tradición, iniciativas como «Mi Santa Cocina» pretenden posicionar la cocina como un patrimonio vivo.
“Traer el Pacífico a Cali durante la Semana Santa es un acto de dignidad cultural. Es un reconocimiento de que estas prácticas no son folklore, sino memoria viva”, enfatiza Rebolledo.
Así lo confirman los relatos de Mónica Mina y Diana Castro. Representan dos generaciones, dos caminos distintos, pero una misma creencia: que la cocina no sólo nutre, sino que también nos dice quiénes somos. Y mientras haya alguien dispuesto a encender la estufa, esta historia no se extinguirá: seguirá encontrando nuevas formas de contarla.
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