Reactivación del impuesto a la energía – Colombia informa

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La escalada de la guerra a través de la Tercera Guerra del Golfo ha llevado a una crisis en los precios de la energía, que inevitablemente recuerda los acontecimientos que siguieron a la invasión rusa de Ucrania hace cuatro años. Ante este escenario, cinco pesos pesados ​​de la Unión Europea han decidido dar un paso adelante para evitar que la historia les vuelva a golpear.

En resumen. El 3 de abril, los ministros de Economía de España, Alemania, Italia, Austria y Portugal enviaron una carta formal al Comisario de Acción Climática de la UE, Wopke Hoekstra. La solicitud, presentado en redes sociales por el vicepresidente español Carlos Cuerpo, es directo: llaman a explorar “un instrumento de solidaridad temporal para que las empresas energéticas contribuyan con los beneficios extraordinarios de la guerra”.

Una doble lectura. El movimiento de este bloque de cinco países se entiende desde dos perspectivas: económica y política. Por un lado, quieren proteger las carteras de los ciudadanos y las arcas públicas. para aliviar los costes de la crisis y frenar la inflación recae en los márgenes empresariales y no exclusivamente en los “consumidores”. […] sin sobrecargar los presupuestos públicos”, dice la carta original.

Por otro lado, desde un punto de vista político, la carta intenta enviar un mensaje de unidad. La medida mostraría a los ciudadanos que Europa está “unida” y “capaz de actuar”. También envía una seria advertencia al mercado: “Aquellos que se benefician de las consecuencias de la guerra deben hacer su parte para aliviar la carga sobre la población”.

El espejo de 2022. Para acelerar los procedimientos y evitar laberintos jurídicos, los cinco ministros proponen utilizar una fórmula que ya ha demostrado su eficacia. La propuesta se basa para reactivar el Reglamento (UE) 2022/1854el mismo instrumento de emergencia activado en la crisis de Ucrania. Los firmantes afirman que este precedente proporciona al impuesto la “base jurídica sólida” necesaria para actuar de inmediato ante la actual volatilidad del mercado.

Sin embargo, como era de esperar, no será una copia exacta. Hay un matiz técnico que hay que tener en cuenta: España y sus aliados han pedido a la Comisión que examine “si y cómo” los beneficios que estas multinacionales petroleras obtienen en el extranjero también pueden ser gravados. Esto permitiría una tributación más específica y efectiva de los excedentes generados en todo el mundo. A pesar de las intenciones, aún no se ha esbozado la letra pequeña. El texto enviado a Bruselas no deja de ser una declaración de intenciones que «no contiene ningún detalle sobre qué porcentaje se debe aplicar a los beneficios extraordinarios ni a qué empresas se debe reducir el impuesto».

Mientras Europa decide, España se hace cargo de la factura. En paralelo a este debate europeo, el gobierno español ya ha lanzado un paquete de choque que reduce el IVA de los combustibles del 21% al 10% y reduce el impuesto especial sobre los hidrocarburos. Los resultados son tangibles: el precio de la gasolina ha bajado hasta los 1.557 euros el litro y el índice de precios al consumo de marzo se amortiguó hasta el 3,3%. Sin embargo, la factura de este “alivio” en los surtidores de gasolina cuesta al erario público 5.000 millones de euros. Exactamente la presión presupuestaria que el nuevo impuesto europeo pretende aliviar.

La pelota, en el tejado de BrusYEl. La carta ya está sobre la mesa de la Comisión Europea. La principal exigencia de los líderes económicos de España, Alemania, Italia, Austria y Portugal es que esta medida se aborde «lo más rápido posible».

Ahora comienza la cuenta atrás diplomática y técnica. El barril de crudo continúa su tendencia alcista debido a la inestabilidad de las rutas de suministro globales, por lo que se espera que los servicios técnicos de Bruselas examinen la base jurídica de este posible instrumento en las próximas semanas. Europa enfrenta el desafío de demostrar si sus reflejos fiscales siguen siendo tan fuertes como lo eran en 2022.

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